La bici municipal echa el freno


Los gobiernos de cambio en las tres capitales de provincia tienen como bandera potenciar el uso de este transporte.

Pese al éxito primerizo en Valencia, el nuevo ejecutivo local se ha encontrado con problemas para relanzar el servicio.

Alicante plantea no sin obstáculos su re introducción. En Castellón, los usuarios aumentan pero el reto es mejorar la red de carriles bici.

La bicicleta como transporte predilecto para moverse por la ciudad. Los gobiernos de cambio que han copado las alcaldías del País Valenciano apuestan sin tapujos por un método de transporte que solo estaría por detrás del peatón. Es su apuesta para lograr una movilidad más sostenible.

Pero para sacar adelante ese objetivo precisan de que el servicio de alquiler de bicicletas sea una garantía. Y por ahora, parece que no lo es. Alicante lo eliminó y ahora baraja introducirlo de nuevo, pero no sin dificultades. En Valencia, el sistema fue exitoso, pero en los últimos años pierde usuarios. Como en Castellón.

 

Castellón: carencias en el trazado 

Bicicas, el servicio público de alquiler de bicicletas de Castellón, fue una buena idea. En eso coinciden el gobierno municipal, la oposición y la plataforma ciclista más importante de la ciudad. Su mejor logro ha sido convertir el uso de la bicicleta en algo “normal”, según Josep Lluís Ruiz, portavoz del colectivo “Castelló en bici”. “Antes a la gente que se movía en bicicleta se la veía rara. Ahora personas de toda edad y de toda clase social la está usando”, resume.

El servicio funciona desde 2008. Los precios van desde los dos euros más IVA que cuesta el abono diario a los 20 que hay que pagar por el anual. También hay tarifa mensual y semanal. En estos momentos, el servicio cuenta con 4.281 altas, de las cuales 3.121 son usuarios activos. Bicicas goza de un “excelente estado de salud”, según el Ayuntamiento, que afirma que en septiembre el número de préstamos aumentó un 70% respecto al mismo mes del año anterior.

El consistorio gasta anualmente en esta concesión poco más de medio millón de euros. Preguntados por la rentabilidad del servicio, los portavoces municipales responden que “el beneficio es, fundamentalmente, social. Más sostenibilidad, más transporte público”. La cifra es razonable según Castelló en Moviment, el partido que desde la oposición apoya el ejecutivo en minoría que forman PSOE y Compromís. José Azpitarte, portavoz de la formación en asuntos de movilidad, considera que “no es desorbitado, pero debe ser sometido a revisión”.

Tanto Castelló en Moviment como Castelló en Bici reconocen el esfuerzo que se ha hecho en los últimos años en Castellón. En menos de diez años, la ciudad ha pasado de un trazado de carril bici casi inexistente a los más de 80 kilómetros que hay ahora. No obstante, quedan muchos problemas por resolver. Uno de ellos es el del precio. El servicio comenzó siendo gratuito, pero en 2013 cambió de préstamo a alquiler. La consecuencia: los usos bajaron de más de 700.000 a menos de 400.000. Desde entonces, la utilización se ha recuperado hasta los 518.000 usos que el consistorio prevé para este año.

Castelló en Moviment defiende la gratuidad del servicio, tal y como acordaron con Compromís y PSOE en el pacto de gobierno firmado en junio. También recuerdan que ese mismo documento establece que el servicio se mejorará con bicicletas eléctricas para personas de movilidad reducida y se ampliarán las paradas para llegar a todos los barrios de la periferia de la ciudad.

No obstante, el mayor reto del Ayuntamiento en materia ciclista no es la gestión de Bicicas, sino la mejora del carril bici y de la concienciación ciudadana. El problema más evidente para los usuarios de la bicicleta pública y la privada son las carencias del trazado. Los ciclistas se encuentran con algunos tramos aislados que terminan de forma abrupta, o con que en muchas ocasiones el espacio para las bicicletas se establece a costa de reducir las aceras. El circuito es aceptable en las afueras de la ciudad y en algunas zonas de nueva construcción, pero tiene muchas dificultades en el centro. Esta circunstancia se ha suplido con la señalización de ciclo calles, pero no son seguras porque no hay sistemas que vigilen que los coches se ciñen a la limitación de velocidad fijada.

Además, la incompatibilidad entre la bicicleta privada y el transporte público es una dificultad añadida. Ni siquiera el Tram, un autobús eléctrico con plataforma propia recién inaugurado, permite la entrada de bicicletas que no se puedan plegar. La limitación es importante porque entre la ciudadanía existe la predisposición a combinar ambas maneras de desplazarse: las estaciones de Bicicas más demandadas son las que tienen conexión con otros medios de transporte.

La solución es crear campañas de concienciación en empresas, colegios y a través de medios de comunicación y publicidad, explica Castelló en Bici. De momento, el gobierno municipal ha reactivado la elaboración del plan director de la bicicleta, que según esta plataforma estaba paralizado desde hace dos años. Rafael Simó, concejal de Movilidad, resume la intención del ejecutivo municipal en todo este proceso: “Queremos apostar por la bicicleta como un transporte urbano más y fomentar su uso”.


Moisés Pérez / Rubén Peñalba / Belén Toledo – Valencia/Alicante/Castellón (01/11/2015)


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